Los engranajes de la fantasía

Cuando en 1890 un notable grupo de soñadores creyó en que la naciente ciudad merecía un gran teatro, nunca hubiera imaginado que su gran esfuerzo se vería plasmado mucho más de un siglo después en una auténtica “fábrica de espectáculos”.

Aquella primitiva idea de albergar a las grandes compañías de la lírica, el ballet, las prestigiosas agrupaciones musicales y hasta las más variadas funciones que llegaban al país y que luego triangulaban con Chile, Brasil y Uruguay, convirtió al Teatro Argentino en un referente de Sudamérica.

Los primeros casi cuarenta años de vida artística conocieron el esplendor de las figuras descollantes. Las producciones integrales que arribaban en cada barco al país muchas veces debutaban en La Plata, para luego transformarse en íconos de las temporadas de Buenos Aires.

Las épocas cambiaron y las compañías extranjeras desembarcaron con una frecuencia casi exigua. Es que la propia producción necesitaba de un impulso decisivo para formalizar  esa idea del espectáculo “hecho en casa”. En 1937 el Teatro Argentino conoció una bisagra en su historia. Los problemas financieros de la sociedad propietaria derivaron en la toma de posesión de la sala en manos del gobierno provincial, por lo que a partir de allí se constituyó en una institución cultural de carácter oficial.

Tras una profunda refacción del edificio, las autoridades creyeron necesaria una estructura que le permitiera montar íntegramente sus propios espectáculos, por lo que en 1938 se crearon la Orquesta y el Coro Estables, y ocho años más tarde el Ballet, apoyados por los distintos sectores técnicos, administrativos y auxiliares. Ni siquiera el cruel incendio de la sala en 1977 pudo detener el ímpetu que prosiguió años posteriores hasta el regreso a la nueva casa en 1999.

Hoy el Teatro Argentino se posiciona como el segundo coliseo de producción más importante del país. La construcción escénica, la escenografía, el vestuario, la peluquería, la utilería, el montaje, la iluminación y el sonido conforman un universo inimaginable en pos de cada espectáculo lírico o coreográfico. De los visionarios vecinos que creyeron en un teatro lírico a esta maravillosa maquinaria de engranajes capaces de transformar la gran fantasía en la realidad escénica que cotidianamente nos enorgullece.

Ballet La Bella Durmiente del Bosque. Producción Teatro Argentino de La Plata 2011.

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